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DOMINIO AZUL: EL PARTIDO NACIONAL SE IMPONE EN EL CONGRESO Y LAS ALCALDÍAS DE HONDURAS
En una jornada histórica para el conservadurismo hondureño, el Consejo Nacional Electoral (CNE) oficializó este martes 30 de diciembre los resultados de los niveles legislativo y municipal, confirmando que la victoria de Nasry «Tito» Asfura no fue un hecho aislado. El Partido Nacional de Honduras (PNH) logró imponerse con contundencia, obteniendo la mayoría simple en el Congreso Nacional y ganando la vasta mayoría de las alcaldías a lo largo del país. Este resultado garantiza al presidente electo una gobernabilidad robusta para el periodo 2026-2030, permitiéndole avanzar en su agenda de infraestructura y seguridad con un respaldo institucional que la administración saliente de Xiomara Castro no logró consolidar.
En el nivel legislativo, el Partido Nacional se ha erigido como la fuerza política más votada, obteniendo 49 de los 128 escaños del Congreso Nacional. Aunque no alcanza la mayoría absoluta de 65 votos por sí solo, se posiciona como el bloque dominante frente a los 41 diputados del Partido Liberal y los 35 del partido oficialista Libertad y Refundación (Libre), que sufrió un duro descalabro electoral. Esta nueva configuración del Poder Legislativo obligará a pactos puntuales, pero otorga a Asfura el control de la agenda legislativa inicial y el respaldo necesario para la ratificación de convenios internacionales y nombramientos de alto nivel.
El mapa municipal de Honduras se ha teñido de azul tras el escrutinio del 100% de las actas. De los 298 municipios en disputa, el Partido Nacional logró la victoria en 201 alcaldías, incluyendo centros urbanos clave que habían estado en manos de la izquierda. El triunfo más simbólico ocurrió en el Distrito Central (Tegucigalpa y Comayagüela), donde Juan Diego Zelaya, del Partido Nacional, fue declarado alcalde electo. El actual alcalde Jorge Aldana (Libre) ha manifestado que no reconocerá los resultados, alegando inconsistencias, lo que ha generado focos de tensión política en la capital a pocas horas de finalizar el 2025.
El desplome del partido oficialista Libre es uno de los datos más analizados por los politólogos. La candidata presidencial Rixi Moncada quedó relegada a un distante tercer lugar con el 19,2% de los votos, y su partido perdió el control de 15 diputaciones respecto al periodo anterior. Los analistas sugieren que el electorado castigó la gestión económica y la inseguridad del gobierno actual, volcándose hacia una opción de centro-derecha que promete orden y eficiencia administrativa. Por su parte, el Partido Liberal de Honduras, liderado por Salvador Nasralla, ha emergido como la segunda fuerza nacional, recuperando terreno tanto en diputados como en gobiernos locales.
La declaratoria del CNE se produjo en el límite del plazo legal, marcada por denuncias de irregularidades y fallos técnicos que retrasaron el proceso durante semanas. Manuel Zelaya, coordinador de Libre, calificó el resultado como un «golpe electoral consumado», mientras que la presidenta electa de los designados, Antonieta Mejía, afirmó que «hoy no ganó un partido, ganó Honduras». A pesar de la polarización, la comunidad internacional ha comenzado a validar los resultados, instando a una transición pacífica de mando el 27 de enero, cuando Asfura y su numerosa bancada asuman las riendas de la nación.
Al cerrar el 2025, el Partido Nacional vuelve a ser la «máquina electoral» más poderosa de Honduras. Con el control del Ejecutivo, la mayoría en el Congreso y el dominio en los gobiernos municipales, Nasry Asfura tendrá un poder casi total para redefinir el rumbo del país. El desafío para 2026 será demostrar que esta concentración de poder se traduce en soluciones concretas para la población y no en una profundización de la crisis política que ha caracterizado al país en la última década. El 2026 se perfila como el año de la reconstrucción de la derecha en Centroamérica, con Honduras como su principal bastión.
