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EL ULTIMÁTUM DE MAR-A-LAGO: NETANYAHU Y TRUMP EXIGEN EL DESARME DE HAMÁS PARA ACTIVAR LA FASE 2 DEL PLAN DE PAZ
En un cierre de año marcado por una intensa actividad diplomática, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, se reunió este 29 de diciembre con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en su residencia de Mar-a-Lago, Florida. El eje central del encuentro fue la validación de la segunda fase del «Plan de Paz para Gaza de 2025», una propuesta de 20 puntos impulsada por la administración Trump que busca poner fin definitivo a más de dos años de conflicto. Netanyahu fue categórico: no habrá avances hacia la reconstrucción masiva ni la retirada total de tropas si no se garantiza el desarme total y verificable de Hamás. Esta postura fue respaldada por Trump, quien advirtió que el grupo terrorista tendrá «un infierno que pagar» si no cumple con los términos acordados.
El plan, que entró en vigor inicialmente en octubre de 2025 tras un alto el fuego mediado por Washington, se encuentra en un punto crítico de transición. Mientras que la Fase 1 logró detener los bombardeos a gran escala y facilitar el intercambio de la mayoría de los rehenes, la Fase 2 exige la desmilitarización absoluta de la Franja. Netanyahu afirmó que, aunque se ha logrado controlar militarmente entre el 70% y el 75% del territorio, aún quedan «objetivos por terminar» en bastiones específicos del centro de Gaza y en la infraestructura de túneles remanente. Para Israel, el desarme no es negociable, ya que es la única garantía para que Gaza deje de representar una amenaza existencial.
Un punto de fricción en las negociaciones ha sido la negativa de Hamás a entregar su armamento ligero, tras haber perdido ya la mayor parte de su equipo pesado. Sin embargo, Trump insistió en que «Israel ha cumplido con el plan al 100%» y que la responsabilidad de cualquier retraso recae exclusivamente en la organización palestina. El plan de Trump también contempla la creación de una Fuerza de Estabilización Internacional (compuesta por tropas árabes, europeas y estadounidenses) y una administración civil tecnocrática que gestione Gaza durante una década, transformándola en lo que el presidente estadounidense ha denominado la «Riviera de Gaza», un centro turístico y tecnológico.
Además de los temas de seguridad, el encuentro sirvió para consolidar la alianza política entre ambos líderes. Netanyahu anunció que Trump recibirá el Premio Israel, el honor más alto del país, por su papel en el cese de las hostilidades y su apoyo inquebrantable al pueblo judío. No obstante, tras bambalinas, existe presión por parte de los mediadores regionales (Egipto, Qatar y Turquía) para que Israel flexibilice los plazos de retirada de tropas, permitiendo que la ayuda humanitaria y la reconstrucción fluyan más rápido. Netanyahu ha respondido que la «desradicalización» de la población es una tarea de largo plazo que no puede comenzar bajo la sombra de un Hamás armado.
La agenda de «terminar los objetivos» mencionada por Netanyahu también incluye la recuperación de los restos de los últimos rehenes fallecidos que aún se encuentran en poder de facciones palestinas. Para el gobierno israelí, el cierre de este capítulo es un requisito emocional y político antes de permitir la entrada de los miles de millones de dólares prometidos por el «Fondo para la Reconstrucción» de Trump. Con la llegada de 2026, la comunidad internacional observa si este modelo de «paz por desarme» logrará estabilizar una región que ha vivido en guerra permanente desde octubre de 2023, o si la resistencia de las milicias locales provocará un colapso del frágil alto el fuego.
Al finalizar la reunión, ambos líderes proyectaron una imagen de unidad total, con Trump asegurando que la reconstrucción «empezará muy pronto». Sin embargo, el desafío operativo es inmenso: desmantelar una red de milicias en un entorno urbano devastado mientras se intenta construir un nuevo orden civil. De cara a los próximos meses, el éxito del plan dependerá de la capacidad de la nueva administración de Gaza para ejercer autoridad sin el respaldo de las armas de Hamás, bajo la supervisión de una junta de líderes mundiales encabezada por el propio Trump.
