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El espectro de hormigón: La verdadera historia del Ryugyong, el hotel de 105 pisos que Corea del Norte no quiere que veas
PYONGYANG – Dominando el horizonte de la capital norcoreana como una pirámide futurista salida de una distopía, el Hotel Ryugyong se alza como el monumento más grande a la ambición y al fracaso. Con 330 metros de altura y 105 pisos, el llamado «Hotel de la Muerte» o el «Elefante Blanco» de Corea del Norte, sigue siendo hoy, 1 de enero de 2026, el edificio abandonado más alto del planeta. A pesar de los intentos del régimen por retocar las postales oficiales y borrar su silueta de la narrativa estatal, este gigante de concreto es un recordatorio físico de los límites de un sistema que intentó desafiar al mundo con lujo en medio de la carestía.
La construcción del Ryugyong comenzó en 1987, en un intento de Pyongyang por superar los rascacielos de Corea del Sur y demostrar su superioridad económica ante el mundo. Sin embargo, lo que debió ser un hotel de lujo con 3,000 habitaciones y cinco restaurantes giratorios, se convirtió en una pesadilla logística. Con la caída de la Unión Soviética y la posterior crisis económica que azotó a Corea del Norte en los años 90, las obras se detuvieron en 1992, dejando un esqueleto de hormigón crudo y vacío que durante décadas fue apodado por los analistas internacionales como «un error de ingeniería de 750 millones de dólares».
Una fachada de cristal para un interior vacío
Tras 16 años de abandono total, el grupo egipcio Orascom invirtió en 2008 para recubrir la estructura con cristales espejados, dándole finalmente el aspecto exterior reluciente que tiene hoy. Pero la belleza es solo superficial:
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Interior inhóspito: Los expertos que han tenido acceso esporádico sugieren que el interior carece de cableado moderno, sistemas de fontanería y ascensores funcionales.
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Defectos estructurales: Durante años se rumoreó que la calidad del hormigón utilizado en los años 80 era tan deficiente que el edificio es inhabitable.
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Uso actual: Actualmente, el hotel funciona principalmente como una gigantesca pantalla LED nocturna que proyecta propaganda estatal, un uso irónico para un edificio que nunca ha recibido a un solo huésped.
El borrado de la historia
Para el régimen de Kim Jong-un, el Ryugyong es una fuente de vergüenza constante. Durante años, el edificio fue borrado de las fotos oficiales mediante retoque digital y los guías turísticos tenían prohibido mencionarlo, a pesar de que su mole es visible desde cualquier punto de la ciudad. El hotel es un símbolo del «juche» (la ideología de autosuficiencia), pero también de cómo la obsesión por la imagen puede eclipsar las necesidades básicas de una población. El Ryugyong es, en esencia, un decorado de cine de escala urbana: impresionante por fuera, hueco por dentro.
En este 2026, el Ryugyong sigue siendo un enigma. Algunos informes sugieren que se han habilitado pequeñas áreas para oficinas, pero la realidad es que sus 105 pisos siguen siendo un desierto vertical. Mientras otros países inauguran rascacielos inteligentes, Corea del Norte mantiene su pirámide de cristal como un recordatorio silencioso de una gloria que nunca llegó, una estructura que se niega a caer y que el mundo sigue observando con una mezcla de morbo y asombro arquitectónico.
