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Desde el Air Force One, el presidente Donald Trump aseguró este domingo que el régimen cubano está «a punto de caer» tras el derrocamiento de Nicolás Maduro. El mandatario sostuvo que la dictadura de Miguel Díaz-Canel se encuentra en una situación desesperada al perder su principal soporte energético y financiero: el petróleo venezolano. «No sé cómo van a poder mantenerse, no tienen ingresos», afirmó Trump, destacando que la ruina económica de la isla la sitúa como una «nación fallida» que se está hundiendo definitivamente sin los recursos que fluían desde Caracas.

A diferencia de la operación militar ejecutada en Venezuela, Trump descartó la necesidad de una intervención directa en Cuba, argumentando que el régimen colapsará por su propio peso ante la asfixia económica. «No creo que necesitemos ninguna acción», aseveró, subrayando que la caída de Maduro ha dejado a La Habana en la mayor crisis de su historia moderna. Este vaticinio se ve reforzado por el secretario de Estado, Marco Rubio, quien advirtió a los líderes cubanos que deberían estar «preocupados», calificando al gobierno de la isla como un «desastre» dirigido por hombres incompetentes.

La Habana ha reaccionado con virulencia, calificando el operativo en Venezuela como «terrorismo de Estado» y una agresión imperialista que amenaza a toda «Nuestra América». El gobierno cubano confirmó además que 32 militares de la isla fallecieron tratando de proteger a Maduro durante la incursión de las fuerzas especiales estadounidenses. Díaz-Canel ha hecho un llamado urgente a la comunidad internacional para frenar lo que considera una violación brutal de la soberanía regional, mientras en las calles cubanas aumenta la tensión ante el temor de un desabastecimiento total de combustible.

Este 5 de enero de 2026, la caída de Maduro no solo ha descabezado al chavismo, sino que ha puesto un reloj de arena sobre el sistema castrista en el Caribe. Mientras los cubanoamericanos celebran en Miami lo que consideran el principio del fin para la dictadura más antigua del continente, Washington observa con satisfacción el avance de su «Doctrina Donroe». La historia parece estar escribiendo su capítulo final para el eje Caracas-La Habana, con una Cuba que, según Trump, ya no tiene salvación frente a la tormenta económica y política que se avecina.

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