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Empate estéril en el Heliodoro: Tenerife y Mirandés se hunden en el conformismo
El Heliodoro Rodríguez López fue testigo de un duelo que prometía fuego y terminó en un reparto de puntos insípido que no le sirve de nada a nadie. El Tenerife y el Mirandés firmaron un 1-1 que sabe a fracaso, especialmente para los canarios, que siguen atrapados en el sótano de la clasificación. Fue un partido donde el fútbol brilló por su ausencia y donde la tensión superó a la calidad, dejando a ambas aficiones con un sentimiento de frustración absoluta ante la falta de ambición.
La historia se escribió exclusivamente desde el punto fatídico, empezando por el zarpazo de Luismi Cruz, quien asumió la responsabilidad y adelantó al Tenerife con un penal certero. Parecía que el equipo isleño finalmente sacaría la casta para salir del abismo, pero la alegría fue un espejismo que duró muy poco. El gol fue una bocanada de oxígeno momentánea en un estadio que pedía a gritos una victoria para creer en la salvación, pero la plantilla volvió a demostrar su fragilidad mental.
El Mirandés no se amilanó y encontró su oportunidad también desde los once metros, gracias a una intervención del VAR que castigó la torpeza de la defensa tinerfeña. Panichelli no perdonó y fusiló la red para poner el empate definitivo, silenciando a una grada que ya se veía con los tres puntos en la bolsa. Fue un golpe de realidad brutal para un Tenerife que no sabe cerrar los partidos y que se desmorona ante la mínima presión del rival, regalando puntos que valen oro.
La situación del Tenerife es ya de alerta roja absoluta, manteniéndose en la penúltima posición de la tabla y viendo cómo la permanencia se convierte en una quimera. Jugar a no perder en su propio feudo es una receta para el desastre, y este equipo parece haber olvidado cómo se gana, hundiéndose en una mediocridad que desespera a su hinchada. La falta de pegada y los errores de concentración están condenando a una institución histórica a las sombras del descenso si no hay un cambio radical.
Al final, el pitido de cierre dejó un campo lleno de dudas y un Mirandés que se lleva un punto valioso para seguir en la zona media, pero sin ningún brillo futbolístico. El espectáculo se quedó en las botas de los lanzadores de penaltis, demostrando que sin juego de conjunto no hay gloria. Este empate es el reflejo de una liga que no perdona la falta de coraje, dejando al Tenerife en la cuerda floja y con el fantasma del descenso respirándoles en la nuca cada vez más cerca.
