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Tras una semana de haber radicalizado la represión deteniendo a quienes celebraron la caída del régimen chavista, Daniel Ortega y Rosario Murillo han dado un paso atrás este 11 de enero de 2026, forzados por la nueva realidad geopolítica de la «Fuerza Total»:
1. Una liberación bajo coacción estratégica
El anuncio de la liberación de un grupo significativo de prisioneros políticos en Nicaragua se produce apenas horas después de que la administración de Donald Trump advirtiera que «nadie está fuera del alcance» de la justicia estadounidense.
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El gesto de supervivencia: Al igual que ocurrió con Delcy Rodríguez en Venezuela, quien liberó prisioneros para detener nuevos bombardeos, Ortega busca con esta medida evitar sanciones más agresivas o una intervención directa en un momento en que se siente aislado tras la caída de su principal aliado energético.
2. ¿Quiénes recuperan la libertad?
Aunque la lista oficial aún se está procesando, los informes preliminares indican que:
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La medida incluiría a líderes religiosos, pastores y activistas que llevaban meses —y en algunos casos años— detenidos injustamente.
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Se espera que entre los liberados se encuentren algunos de los 60 ciudadanos detenidos la semana pasada por simplemente comentar o festejar en redes sociales la captura de Maduro en Caracas.
3. La advertencia de Washington
Desde la Casa Blanca, el mensaje ha sido claro: las liberaciones son un «paso necesario» pero no suficiente para restablecer relaciones. Trump ha mantenido su postura de que la región debe quedar libre de dictaduras para que «todos estén felices», utilizando a Venezuela como el ejemplo máximo de lo que sucede cuando no se coopera con su administración.
4. Tensión en el aire
A pesar del anuncio, el clima en Nicaragua sigue siendo de extrema vigilancia. Rosario Murillo ha mantenido el «estado de alerta» y la vigilancia en los barrios, sugiriendo que esta liberación es un movimiento táctico y no un cambio de ideología. Los analistas internacionales ven esto como una victoria de la diplomacia de presión de Trump, quien ha logrado en menos de diez días lo que años de sanciones previas no pudieron.
Este movimiento sitúa a Centroamérica en una nueva fase de incertidumbre, donde los regímenes que antes se sentían protegidos por el eje Caracas-La Habana ahora buscan desesperadamente formas de sobrevivir a la nueva era de intervención estadounidense.
