La guerra de las Malvinas: años de ingenio, esfuerzo popular y recursos con paradero desconocido

Cuando la necesidad apremia, se agudiza el ingenio. Espaguetis de aluminio, sables enterrados y kilos de oro con un final incierto son algunos de los episodios menos conocidos de la guerra de las Malvinas.

La de las Malvinas es una historia en la que elementos casi de ficción se unen a la trágica muerte de cientos de soldados. La inventiva de algunos y el apoyo de las masas populares son momentos de los que pocos hablan y que demuestran el verdadero carácter del pueblo argentino ante el conflicto, que terminó con la victoria de los británicos.

Así, para resolver algunos problemas que surgieron en medio de los combates, los militares argentinos tuvieron que echar mano del ingenio.

Ejemplo de ello fue la forma con la que suplieron la falta de chaff, una herramienta con la que las aeronaves más modernas desvían misiles lanzados por radar.

Para sustituir a estos reflectores antirradar, los soldados usaron planchas de aluminio y una fábrica de pastas en la que cortaron, literalmente, cientos de espaguetis brillantes. Gracias a esos fideos de aluminio salvaron a muchos de los vuelos atacados en la zona de combate.

Es conocido que en las islas todavía aparecen restos de la guerra en las trincheras, que los habitantes dejaron tal como estaban cuando terminó el conflicto, pero no todo quedó a la vista.

Según cuentan los sobrevivientes, al final de la guerra un grupo de soldados cortó el sol de la bandera argentina y con ella envolvió sus sables del Ejército. El trozo de tela con el sol se exhibe en un museo en el continente, mientras que los sables y la bandera fueron enterrados en un lugar secreto bajo la turba.

En cuatro décadas, todavía nadie ha logrado encontrarlos.

Antes de la guerra, Malvinas solo recibía la programación de la BBC dos horas al día, por lo que se dispusieron 450 televisores a color para regalar a los habitantes con una antena para recibir la señal permanente de entretenimiento de ATC, la televisión pública argentina. Los isleños rechazaron la oferta.

Con 24 horas ininterrumpidas de emisión, cientos de artistas y millones de personas participaron de la mayor colecta de la historia del país transmitida en directo por la televisión estatal.

El objetivo era reunir dinero para los soldados en combate y la gente, conmovida, se volcó a donar sus pertenencias, si bien la recaudación récord de 54 millones de dólares, según el secretario de Hacienda de ese momento, nunca alcanzó a los soldados.

La ropa y los abrigos quedaron descartados porque, según la dictadura, no justificaban la logística del traslado. Lo mismo pasó con los miles de raciones de alimentos que habían sido donadas.

Otro misterio que rodea la guerra de las Malvinas es el destino de las joyas de oro donadas por la población, que fueron fundidas en 73 lingotes, de más de 140 kilos de peso.

El dinero de la venta fue depositado en las cuentas de las Fuerzas Armadas y su destino siendo una incógnita a día de hoy.

Lo que sí está claro es que de nada sirvió a los soldados, pues la orden para la fundición del oro fue firmada el 14 de junio: el mismo día en que Argentina firmaba su rendición, poniendo fin a la guerra.

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