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Apenas 24 horas después de que Donald Trump revelara que mantenía comunicaciones con ella, Delcy Rodríguez ha emitido un comunicado oficial invitando formalmente al gobierno de los Estados Unidos a establecer una «agenda de cooperación». En un tono marcadamente conciliador pero cauteloso, Rodríguez —quien asumió el mando para evitar un vacío de poder tras la extracción de Maduro hacia Nueva York— afirmó que Venezuela busca un «desarrollo compartido» en el marco de la legalidad internacional. Este movimiento se interpreta como una respuesta directa a la amenaza de Trump, quien advirtió que si ella no cooperaba, enfrentaría un destino «peor que el de Maduro».
La propuesta de Rodríguez gira en torno a la «coexistencia pacífica» y la no injerencia, aunque en la práctica representa el inicio de una transición tutelada por Washington. Mientras en sus redes sociales reafirma que Venezuela «no será colonia de nadie», en los canales diplomáticos está negociando los términos de una paz que permita al país funcionar mientras se resuelve el estatus judicial de la cúpula chavista y se organiza el proceso electoral de 30 días que dicta la Constitución (Artículo 233) ante la falta absoluta del presidente.
Los pilares de la «Agenda de Cooperación» (Enero 2026):
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Estabilización Energética: Rodríguez ha mostrado disposición para facilitar el acceso a la infraestructura petrolera, una de las demandas principales de Trump para «reconstruir el país» y compensar activos estadounidenses.
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Comisión de «Liberación»: A la par de la cooperación, ha creado una comisión especial para gestionar la defensa legal y eventual retorno de Maduro, buscando mantener la lealtad de las bases radicales mientras negocia con la Casa Blanca.
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Seguridad Fronteriza: La agenda incluye el compromiso de combatir a grupos irregulares (como el Tren de Aragua) que han sido citados por EE. UU. como amenazas directas a su seguridad nacional.
Desde el rigor del análisis geopolítico, Delcy Rodríguez se encuentra caminando sobre una cuerda floja. Por un lado, debe cooperar con la administración Trump para evitar una intervención militar de mayor escala; por otro, debe convencer al Alto Mando Militar (FANB) y al chavismo de base de que no está entregando la soberanía. El Secretario de Estado, Marco Rubio, ha sido el encargado de supervisar estos primeros pasos, asegurando que la presión de EE. UU. no disminuirá hasta que se garantice una «transición integral» que aleje la influencia de Rusia y China del Caribe.
En el ecosistema digital, la noticia ha generado una oleada de escepticismo y esperanza. Los mercados han reaccionado positivamente ante la posibilidad de que el petróleo venezolano vuelva a fluir sin sanciones, bajo el control técnico de empresas occidentales. Sin embargo, para la oposición liderada por María Corina Machado, esta invitación de Rodríguez es vista como una «maniobra de distracción» para atrincherarse en el poder bajo una nueva forma de legitimidad otorgada por el propio Washington.
Finalmente, este lunes 5 de enero, mientras Maduro entra a la corte en Brooklyn para escuchar sus cargos por narcoterrorismo, Delcy Rodríguez intenta salvar lo que queda del Estado venezolano ofreciendo a Trump lo que este siempre quiso: acceso y cooperación. El 2026 arranca con una paradoja histórica: la heredera del chavismo tendiendo la mano al hombre que decapitó el mando del régimen, en un intento desesperado por sobrevivir a la mayor crisis de su historia.
